lunes, 7 de junio de 2010

Federico García Lorca - Mi niña se fue a la mar



Mi niña se fue a la mar,
a contar olas y chinas,
pero se encontró, de pronto,
con el río de Sevilla.

Entre adelfas y campanas
cinco barcos se mecían,
con los remos en el agua
y las velas en la brisa.

¿Quién mira dentro la torre
enjaezada, de Sevilla?
Cinco voces contestaban
redondas como sortijas.

El cielo monta gallardo
al río, de orilla a orilla.
En el aire sonrosado,
cinco anillos se mecían.



sábado, 5 de junio de 2010

ANNE-SOPHIE MUTTER - Great Violin Concertos Vol.4 ( Johannes Brahms )

05-06-2010 17-01-16

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ANNE-SOPHIE MUTTER

Christina Rosenvinge - Tu Labio Superior

1. La distancia adecuada
2. Anoche (El puñal y la memoria)
3. Eclipse
4. Tu boca
5. Las horas
6. Nadie como tú
7. Negro cinturón
8. Tres minutos
9. Animales vertebrados
10. Por la noche
11. Alta tensión

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Soledad Fernández

Soledad Fernández

Leopoldo Alas "Clarín" - fragmento de La Regenta

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Como una ola de admiración precedía al fúnebre cortejo; antes de llegar la procesión a una calle, ya se sabía en ella, por las apretadas filas de las aceras, por la muchedumbre asomada a ventanas y balcones que «la Regenta venía guapísima, pálida, como la Virgen a cuyos pies caminaba.» No se hablaba de otra cosa, no se pensaba en otra cosa. Cristo tendido en su lecho, bajo cristales, su Madre de negro, atravesada por siete espadas, que venía detrás, no merecían la atención del pueblo devoto; se esperaba a la Regenta, se la devoraba con los ojos... En frente del Casino en los balcones de la Real Audiencia, otro palacio churrigueresco de piedra obscura, estaban, detrás de colgaduras carmesí y oro, la gobernadora civil, la militar, la presidenta, la Marquesa, Visitación, Obdulia, las del barón y otras muchas damas de la llamada aristocracia por la humilde y envidiosa clase media. Obdulia estaba pálida de emoción. Se moría de envidia. «¡El pueblo entero pendiente de los pasos, de los movimientos, del traje de Ana, de su color, de sus gestos!... ¡Y venía descalza! ¡Los pies blanquísimos, desnudos, admirados y compadecidos por multitud inmensa!» Esto era para la de Fandiño el bello ideal de la coquetería. Jamás sus desnudos hombros, sus brazos de marfil sirviendo de fondo a negro encaje bordado y bien ceñido; jamás su espalda de curvas vertiginosas, su pecho alto y fornido, y exuberante y tentador, habían atraído así, ni con cien leguas, la atención y la admiración de un pueblo entero, por más que los luciera en bailes, teatros, paseos y también procesiones... ¡Toda aquella carne blanca, dura, turgente, significativa, principal, era menos por razón de las circunstancias, que dos pies descalzos que apenas se podían entrever de vez en cuando debajo del terciopelo morado de la nazarena! «Y era natural; todo Vetusta, seguía pensando Obdulia, tiene ahora entre ceja y ceja esos pies descalzos, ¿por qué?, porque hay un cachet distinguidísimo en el modo de la exhibición, porque... esto es cuestión de escenario.» «¿Cuándo llegará?» preguntaba la viuda, lamiéndose los labios, invadida de una envidia admiradora, y sintiendo extraños dejos de una especie de lujuria bestial, disparatada, inexplicable por lo absurda. Sentía Obdulia en aquel momento así... un deseo vago... de... de... ser hombre.

viernes, 4 de junio de 2010

Eduardo Cote Lamus - LA ESTACIÓN PERENNE

Tu cuerpo desnudo brilla bajo los relámpagos

como antes bajo mis manos.

Todas las estaciones están en tu cuerpo.

La primavera comienza su esplendor en tu abrazo

y concluye en tu boca entreabierta, exultante.

Todos los ríos del mundo están en tu cuerpo,

confluyen en ti en el momento

en que el animal más bello del bosque

—el ciervo, por ejemplo—

bebe de ti y se contempla.

Tu piel es el límite del fuego

donde se refugia el ardor del verano.

Rojas llamas te inundan.

Se mezclan los elementos y tu cuerpo se curva,

hay más aire en tu boca y en mi cuerpo sediento

busca en ti salida, la libertad, los deseos.

Se anudan en ti los olivos del mundo

y ardes como una lámpara.

Somos un cuerpo solo luchando contra la muerte.

El otoño se riega en tu cuerpo como vino rojo en la mesa.

Tus muslos descansan en el borde del mundo.

Vuela una paloma de tu pecho a mis manos.

Después miramos los dos, de alegría cansados,

como a chimenea en invierno, el fuego pasado

y tu piel que brilla bajo los relámpagos.

Howard Shatz

Howard Shatz

Friedrich Nietzsche - Así habló Zaratustra

¡Ay! Se acerca el tiempo en que el hombre no lanzará ya por encima del hombre la flecha de su anhelo y en que las cuerdas de su arco no podrán ya vibrar. (…) Se acerca el tiempo en que el hombre no dará ya a luz estrellas; se acerca el tiempo del más despreciable de los hombres, del que no puede ya despreciarse así mismo. ¡Miren! Yo les muestro al último hombre. ‘¿Qué es eso de amor, de creación, de anhelo, de estrella?’ –así se pregunta el último y entorna los ojos. La tierra se tornará entonces más pequeña, y sobre ella andará a saltitos el último hombre, que todo lo empequeñece. (…) Han abandonado las comarcas donde era duro vivir, porque la gente necesita calor. Se ama todavía al vecino y se frota uno contra otro, porque la gente necesita calor. (…) Un poco de veneno alguna que otra vez; eso procura ensueños agradables. Y muchos venenos a la postre, para morir agradablemente. Se trabaja aún, porque el trabajo es distracción pero se procura que la distracción no debilite. (…) ¡Ningún pastor, y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: el que piensa de otra manera va por su voluntad al manicomio. (…) Se es prudente y se está al tanto de todo lo acontecido: así cabe bromearse sin fin. Se disputa aún, pero se hacen las paces en seguida: lo contrario altera la digestión. No falta su poquito de placer para el día y su poquito de placer para la noche; pero se respeta la salud.

Así habló Zaratustra PDF

Facundo Cabral - 20 Grandes Exitos

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01 - No soy de aqui , ni soy de alla
02 - Yo no vendo yo no compro
03 - Pobrecito mi patron
04 - Estas manos
05 - Amalia baila que baila
06 - Nuestros pasos
07 - Con una flor en la mano
08 - Ella no dice nada
09 - Yo se que si
10 - Yo soy lo que canto
11 - Esas cosas
12 - Buen dia ,America de Sur !
13 - Nuestra querida casa
14 - Ella
15 - Buen dia ,paloma
16 - Si el espejo te mostrara como sos
17 - John Parker Dimitrinsky
18 - El diablo es un señor
19 - Tengo
20 - El oficio de cantor

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ENTRE TODAS LAS MUJERES

01 - que se llama soledad
02 - con la frente marchita
03 - calle melancolia
04 - quien me ha robado el mes de abril
05 - corre digo la tortuga
05 - corre digo la tortuga
06 - contigo
07 - noches de boda
08 - y nos dieron las diez y las doce
09 - con dos camas vacias
10 - la cancion de las noches perdidas
11 - a la sombra de un leon
12 - esta boca es mia
13 - por el bulebar de los sueños rotos

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El Lebrijano - Persecución

 
 
Canto Anónimo
Libres Como El Aire
Sangre, Sangre
No Le Temblaron Las Manos
Mi Condena
Libres Como El Aire
 
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