viernes, 20 de mayo de 2011
El pecado original – LEOPOLDO ALAS (CLARÍN)
Violeta Parra - Décimas La suerte mía fatal
La suerte mía fatal
no es cosa nueva, señores,
me ha dado sus arañones
de chica muy despiadá;
batalla descomunal
yo libro desde mi infancia;
sus temibles circunstancias
me azotan con desespero,
dejándome años enteros
sin médula y sin sustancia.
Dice mi mamá que fui
su guagua más donosita,
pero la suerte maldita
no lo quiso consentir;
empezó a hacerme sufrir
primero, con la alfombrilla,
después la fiebre amarilla,
me convirtió en orejón.
Otra vez, el sarampión,
el pasmo y la culebrilla.
De Santiago pa’ Lautaro
con siete crías colgando,
petaca y monos andando
busca mi taita reparo.
Su capataz l’hizo un aro
diciendo: Mire, Parrita,
la cosa aquí está malita,
se le traslada p’al Sur,
acomode su baúl,
recíbame esta platita.
Mi taita fue muy letrario:
pa’ profesor estudió,
y a las escuelas llegó
a enseñar su diccionario.
Mi mamá como canario
nació en un campo flori’o;
como zorzal entumi’o
creció entre las candelillas;
conoce lo qu’ es la trilla
la molienda y l’amasijo.
Con un chiquillo en los brazos,
los otros seis a la cola,
entramos como una ola
contentos como payasos,
casi pisando los pasos
de mi preocupa’o paire,
que los monta por los aires
a una casa misteriosa
que yo la vi más hermosa
que la capilla del fraile.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Ludovico Ariosto - A una estancia donde esperaba a su amada
¡Venturosa prisión, cárcel suave,
no por amor, no por venganza fiera,
me tiene la más linda carcelera
a quien es bien que agradecido alabe!
Otros cautivos, al sonar la llave,
temen llegada su hora postrimera;
mas yo me alegro, que el placer me espera,
no juez severo, ni sentencia grave.
Me aguarda el más cortés recibimiento,
libre plática exenta de embarazos,
dulces halagos y caricias siento:
de cadenas en vez, floridos lazos,
y besos sabrosísimos sin cuento,
y largos, estrechísimos abrazos.
Homo toxicus
Todos los días, toneladas de productos químicos se liberan al medio ambiente, tóxicos a largo plazo para los seres vivos. La mayoría de las 100.000 moléculas desarrolladas desde la II Guerra Mundial y que están presentes en los productos que usamos a diario nunca se han testado. Algunas de ellas se han introducido en nuestros cuerpos e incluso en los fetos. Hasta 247 sustancias tóxicas se han encontrado en los recién nacidos. Junto a nuestro ADN, estamos legando nuestra carga tóxica a nuestros hijos.
