viernes, 31 de diciembre de 2010

Julio Cortázar - HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

ISABEL DIEZ

ISABEL DIEZ

31-12-2010 18-16-11

Almudena Grandes - Ines y la alegria

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Karen Aghamyan

Karen Aghamyan

Pío Baroja - Aurora roja

Fragmento:

" Sería una aurora sangrienta en donde a la luz de los incendios crujirá el viejo edificio social, sustentado en la ignominia y en el privilegio, y no quedaría de él ni ruinas, ni cenizas, y sólo un recuerdo de desprecio por la vida abyecta de nuestros miserables días. Sería el barro negro de las Injurias y de las Cambroneras, que ahogaría a los ricos, la venganza justa contra las clases directoras, que hacían del Estado una policía para salvar sus intereses, obtenidos por el robo y la explotación, que hacían del Estado un medio de calmar a tiros el hambre de los desesperados. "

martes, 28 de diciembre de 2010

Mariah Jelena Kordzadze

Mariah Jelena Kordzadze

Gramophonedzie - why don't you (remix)

Marcel Schwob - Vidas Imaginarias

Fragmento:

" Solía invitar a un transeúnte desconocido cuando caía la noche... A veces elegía al azar. Se dirigía al extraño con toda la cortesía que hubiera podido poner en ello Harún-al-Raschid. El extraño subía los seis pisos del camaranchón del señor Hare. Le cedían el canapé; le ofrecían whisky escocés. El señor Burke le preguntaba por los incidentes más sorprendentes de su existencia. ¡Qué insaciable oyente era el señor Burke! Antes del alba, el señor Hare interrumpía siempre el relato. La forma de interrumpirlo del señor Hare era siempre la misma, y muy imperativa. Para interrumpir el relato, el señor Hare solía colocarse detrás del canapé y aplicar sus dos manos sobre la boca del narrador. En ese mismo momento, el señor Burke iba a sentarse sobre su pecho. En tal posición, ambos pensaban, inmóviles, en el final de la historia que nunca oían. De ese modo, los señores Burke y Hare remataron un gran número de historias que el mundo no va a conocer. "

Marcel Schwob - Vidas Imaginarias

domingo, 26 de diciembre de 2010

MARUJA MALLO

José Saramago - El hombre duplicado

Fragmento:

" Ni el propio Tertuliano Máximo Alfonso sabría decir si el sueño volvió a abrirle los misericordiosos brazos después de la revelación tremebunda que fue para él la existencia, tal vez en la misma ciudad, de un hombre que, a juzgar por la cara y por la figura en general, es su vivo retrato.
Después de comparar demoradamente la fotografía de hace cinco años con la imagen en primer plano del recepcionista, después de no haber encontrado ninguna diferencia entre ésta y aquélla, por mínima que fuese, al menos una levísima arruga que uno tuviese y al otro le faltara, Tertuliano Máximo Alfonso se dejó caer en el sofá, no en el sillón, donde no habría espacio suficiente para amparar el desmoronamiento moral de su cuerpo, y allí con la cabeza entre las manos, los nervios exhaustos, el estómago en ansias, se esforzó por organizar los pensamientos, desenredándolos del caos de emociones acumuladas desde el momento en que la memoria, velando sin que él lo sospechase tras la cortina corrida de los ojos, lo despertara sobresaltado de su primer y único sueño.
(...)
El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido. "

viernes, 24 de diciembre de 2010

RAVNISH S GANDHI

RAVNISH S GANDHI

Ludovico Einaudi – I Giorni

Megaupload

Henry Miller - Primavera negra

Fragmento: El Poder de la Palabra

" ¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura!. ¡Basta de masturbarse en la oscuridad!. ¡Basta de confesiones públicas!. ¡Qué salten las puertas de sus quicios!. Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta por los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales.
Estoy harto de ver vaginas coquetas, disfrazadas, deformadas, idealizadas. Vaginas con las puntas de los nervios al aire. No quiero ver a las muchachas vírgenes masturbándose. En el secreto de sus habitaciones, o comiéndose las uñas, o arrancándose el pelo o echadas durante todo un capítulo en una cama llena de migas de pan.
Quiero los palos funerarios de Madagascar, con un animal encima de otro y en la cúspide Adán y Eva con un rudo y honesto tajo entre las piernas. Quiero hermafroditas que sean verdaderos hermafroditas, y no falsarios que caminan con penes atrofiados y vaginas secas. Quiero una pureza clásica, donde la porquería sea porquería y los ángeles sean ángeles.
"

Henry Miller- Primavera Negra

jueves, 23 de diciembre de 2010

MARTIN JOHNSON HEADE

MARTIN JOHNSON HEADE

Gabriel García Márquez Memoria de mis putas tristes

Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.
Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados. Cuando mis gustos en música hicieron crisis me descubrí atrasado y viejo, y abrí mi corazón a las delicias del azar.
Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor.

El Poder de la Palabra

lunes, 20 de diciembre de 2010

CARLO MOLLINO

CARLO MOLLINO

Sonata de otoño - Ramón María del Valle-Inclán

(fragmento)
" Llegué hasta su alcoba, que estaba abierta. Allí la oscuridad era misteriosa, perfumada y tibia, como si guardase el secreto galante de nuestras citas. ¡Qué trágico secreto debía guardar entonces! Cauteloso y prudente dejé el cuerpo de Concha tendido en su lecho y me alejé sin ruido, En la puerta quedé irresoluto y suspirante. Dudaba sí volver atrás para poner en aquellos labios helados el beso postrero: resistí la tentación. Fue como el escrúpulo de un místico. Temí que hubiese algo de sacrílego en aquella melancolía que entonces me embargaba. La tibia fragancia de su alcoba encendía en mí, como una tortura, la voluptuosa memoria de los sentidos. "

Sonata de otoño - Ramón María del Valle-Inclán

viernes, 17 de diciembre de 2010

City Slickers

Franz Kafka - El escudo de la ciudad

En un principio no faltó la organización en las disposiciones para construir la Torre de Babel; de hecho, quizás el orden era excesivo. Se pensó demasiado en guías, intérpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedará terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creíble era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores, condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que se demoraría muchísimo la construcción de la torre y otros que más valía aguardar que se reestableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así pasó la era de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad.
  El vaticinio de que cinco golpes sucesivos de un puño gigantesco aniquilarán la ciudad está presente en todas las leyendas y cantos de esa ciudad. Por esa razón su escudo de armas incluye un puño.

Scott fitzgerald - El extraño caso de Benjamin Button

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jueves, 16 de diciembre de 2010

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Emma Jacob

Emma Jacob

Delfina Acosta - Madame Bobary

Después de tomar el mate, se reclinó sobre el respaldo aterciopelado del sofá, y continuó enfrascado en la lectura de Madame Bovary.

Se metió (no quería hacerlo, no debía, pero ya era tarde) en la aparición repentina de la mujer en el almacén del boticario del pueblo. Y era como si él también se hubiera metido, anhelante, deseoso del veneno, empujado por la desesperación de la vida que sale zumbante del carril.

A medida que el libro lo arrastraba, lo contaminaba, le venía una sensación de ser llevado por un tren a un destino tan injusto como inevitable.

Podía ver desde la ventanilla los tramos finales, aquellas últimas casas cuyas chimeneas despedían un humo negruzco, las golondrinas del crepúsculo buscando las ramas de los cipreses y de los robles, un hombre (con una lámpara en la mano) observando a la máquina viajera desde el umbral de una puerta.

Sintió náuseas.

Se levantó, tambaleante, con una terrible presión en la cabeza, y descargó un vómito en el patio.

La señora que hacía la limpieza de la casa y preparaba la comida además de dar alguna conversación sobre el clima cuando los bichos de luz rondaban el alumbrado público, le habló: ¿Se siente bien, señor?

Y él le dijo que no. Y le pidió un té de manzanilla.

Y el té vino rápido y excesivo. Y también el “Cuídese, señor. Si viera la cara de enfermo que tiene”.

“Esta es la segunda vez”, pensó Julio Castel.

Un ave nocturna chistó.

Se acostó, y con la cabeza colocada sobre la almohada que olía a lavanda, a frescura, y el ánimo ya recobrado, se dijo, se mintió, que mañana seguiría leyendo Madame Bovary.

El amanecer le llegó de golpe.

El libro, que estaba con las páginas abiertas sobre el piso, le pareció un insecto, una araña, algún ciempiés desenmascarado. Llamó a Juliana, que ya tenía preparado otro té de manzanilla y un vaso de agua, por si las moscas, y le pidió que se lo llevara lejos y lo enterrara.

Ninguna objeción.

Ningún comentario.

El patrón era normal, pero tenía la cabeza al revés.

Nunca más finales tristes. Nunca más ella, con los ojos caminados por la sombra de la muerte, perdiéndose en la distancia, y él observando, sin poder hacer nada, desaparecer el carruaje con el objeto de su pasión adentro. O él (otro él, otro personaje), enfermo de celos, decidido a disparar su revólver contra ella, quien intentaba, con el rostro pálido, explicarle que el hombre solamente había venido a su cuarto, interesado en su catálogo de mariposas (o algo así, o mejor, una excusa más creíble), pensó Julio Castel.

Siguió leyendo libros. Cinco, seis. A Juliana siempre le había parecido rara la gente que leía.

Cortaba la lectura en donde se le antojaba. Y luego se iba a silbar y mirar a los canarios en su jaula; así le venía la sensación de que daba un poco de claridad y libertad a las aves.

Margarita Pineda, su vecina, le pasó por sobre la muralla un libro, una tarde.

“Te gustará. Lástima el final. Yo no sé qué es eso de que la gente venga a morir al terminar la lectura. Manga de amargados, los escritores. ¿Verdad, Julio?”, dijo.

Al día siguiente, después de volver de la oficina, corrió las cortinas, y se sentó en el lugar de siempre, para leer la novela prestada.

Un joven pecoso (era el personaje central) estaba terminando de beber su cerveza negra. Las risas que llegaban desde las mesas donde los hombres intercambiaban bromas sobre las mujeres, las bocinas que hacían con las manos un grupo de muchachos revoltosos, el zumbido del ambiente apretado, miserable, y aun los números de las páginas, apuraron la decisión del joven que se largó del bar, salió a la noche, y, silbando fuertemente, se dirigió a la boletería.

La vio y quedó deslumbrado. Ella, delgada, hermosa, con su traje celeste, giraba cual trompo sobre la pista de hielo. Y al girar era como si fuera una flor rara que se abría lentamente.

Julio Castel suspiró convencido y cerró definitivamente el libro.

Algunos días después, Juliana observó embobada, mientras hacía la limpieza de la nueva galería de juguetes de su patrón, aquella bailarina (su tutú era celeste) de una cajita musical. Le daba cuerdas y bailaba, girando sobre sus pies. No. No era tanto la música... Era un no sé qué casi humano, quizás triste en su expresión. Su diminuta expresión de pequeña bailarina.

martes, 14 de diciembre de 2010

Luis de Góngora - Da bienes Fortuna

Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
a otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero,
y a quien se le antoja;
la cabra más coja
pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó sólo un huevo,
al sol bambolea,
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Rosa Montero - El puñal en la garganta

CÁNDIDO MÉNDEZ - El baile de los vampiros

Retrasar la edad de jubilación y debilitar la negociación colectiva no va a frenar la histeria especulativa. Como no la frenó la reforma laboral. Estas ofrendas solo son recortes de derechos en beneficio de unos cuantos.

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Hace algunos meses me preguntaron en una entrevista que hice para una prestigiosa revista de música si había visto Crepúsculo; contesté que prefería El baile de los vampiros, de Polanski. Vampiros clásicos de edad vetusta, que se dan un espléndido festín de sangre y humor espeluznante.

Ahora, con el agravamiento de la situación de la Unión Europea, con el batacazo de Irlanda y los renovados ataques a la deuda soberana, he vuelto a recordar el argumento de esa película: un chiflado profesor intenta acabar con la epidemia de vampiros. Consigue justo lo contrario, extender el mal. Las imágenes finales de la malograda Sharon Tate expresan ese descalabro.

En la Unión Europea está sucediendo algo similar. Las imposiciones en materia de déficit y la indecisión ante los cada vez más intensos ataques contra el euro, no solo no frenan la epidemia, sino que están contribuyendo a propagarla.

Las declaraciones de la canciller Merkel sugiriendo que los inversores, y no solo los ciudadanos, afrontasen las consecuencias de sus decisiones de inversión son un ejemplo de ello. Parece justo y racional, pero en tiempo y forma ha tenido un efecto perverso.

La prensa europea ha conformado una opinión bastante coincidente: se ha jugado con fuego. Se ha alimentado el pánico. Un diario financiero lo reflejaba así: "Hay bastantes posibilidades en la vida real de que la eurozona quede exterminada precisamente por su propuesta para que funcione mejor".

En nuestro país, el comisario de la Competencia hizo una desafortunada declaración ante la pregunta de si España tenía algo más. Nada comparable, si no fuera por la repercusión de sus palabras y sus silencios, con las declaraciones que un día sí y otro también están haciendo los responsables del PP. Sus políticas incubaron y propagaron la enfermedad. Ahora se están comportando como un agente patógeno. La caída del Gobierno conservador irlandés aumenta su impaciencia.

Indecisiones y precipitaciones que, unidas a los acuerdos de la Comisión y del Ecofin en materia de contención del déficit, están agravando la difícil situación que vive la Unión, retrasando la recuperación, aumentando el paro y los sacrificios de ciudadanos y trabajadores. Contra esas medidas, la Confederación Europea de Sindicatos se manifestará en toda la Unión el próximo 15 de diciembre y en nuestro país lo haremos además el 18 de diciembre.

El nuevo ataque especulativo contra España coincidía con la publicación del déficit del Estado, que en el periodo enero-diciembre se había reducido un 43%, el 2,96% del PIB. Reducción que está en la senda de cumplimiento de las exigencias de la Comisión Europea. ¿Entonces por qué se intensifican los ataques?

Hay un amplio consenso en que la crisis desatada en 2008 ha acelerado los desequilibrios que provoca tener una moneda única y una disparidad de políticas fiscales y económicas. Que lo que está sucediendo en la Unión Europea es una crisis también de gobernanza. Que los mercados están poniendo a prueba la solidez política de la eurozona. Que la desconfianza hacia nuestro país no es por la deuda del Estado, pero sí por la deuda del sector privado. El aserto de que una deuda bancaria es potencialmente una deuda soberana es compartido.

El profesor Ontiveros empleó recientemente una expresión que me parece muy oportuna, habló de "inventario de ofrendas que España ha hecho a los mercados de bonos" -con el propósito de que se aplaquen, añado yo-. El término ofrenda es muy adecuado porque desvela el sentido casi religioso que se le otorga a las llamadas "reformas estructurales". Las reformas, nosotros no discutimos la conveniencia de algunas, se han convertido en algo irracionalmente urgente.

Pero si alguien afirma que, con la reforma de las pensiones y de la negociación colectiva o con la impuesta reforma laboral se va a conseguir frenar la histeria especulativa se está y nos está engañando. Ya hay importantes fondos de inversión que consideran que ni siquiera las reformas estructurales podrían calmar a los mercados. Estamos asistiendo a una agonía que se puede llevar por delante años de lucha por la igualdad. Se está erosionando la credibilidad de las instituciones democráticas nacionales y europeas.

En España nos urgen a entregar las "ofrendas" comprometidas. Dos son inexcusables: aumentar la edad de jubilación a 67 años y limitar la eficacia de los convenios colectivos. El Gobierno, sin excepción alguna, repite que lo hará "pese a quien pese", aunque sea a costa de inmolarse.

Pero ¿quiénes son los brujos que interpretan a los "mercados"? Uno es el gobernador del Banco de España, el mismo que en diciembre de 2007 afirmaba que "los fundamentos del sistema financiero global siguen siendo sólidos y los balances bancarios están saneados". Otros, los 100 expertos de la reforma laboral. Alguno de ellos proclamaba el pasado mes de abril su "envidia sana de Irlanda" alabándola porque "el mercado ha considerado los planes presupuestarios irlandeses creíbles, y esto ha (sic) reducido su prima de riesgo... Los que hayan hecho sus deberes, como Irlanda, respirarán tranquilos...". Profético.

Recientemente, una reputada periodista de este diario escribía: "Visto con un poco de perspectiva, debería asombrarnos, por ejemplo, la capacidad que ha tenido el Banco de España para distraernos todo el tiempo de la realidad... Y mientras hablaba de todo eso, que no forma parte de sus competencias, callaba sobre lo que sí hubiera sido su responsabilidad y su obligación: impedir el explosivo endeudamiento privado que fomentan los bancos y entidades de crédito". No puedo estar más de acuerdo con ella; nos hemos hartado de denunciar públicamente ese comportamiento.

El antropólogo Marvin Harris sugiere que las ofrendas de sangre que ritualizaron los aztecas, en las que se practicaba el canibalismo, tenían otra función: compensar el déficit de proteína de origen animal.

El sistema de pensiones es un punto fuerte de nuestra economía, su Fondo de Reserva equivale al 6% del PIB. Un reciente informe de la UE constataba que "dado que el sistema español de pensiones es fundamentalmente público y el peso del seguro privado es muy limitado, la crisis financiera no ha tenido ningún efecto directo en actuales o futuros pensionistas". Así es, los fondos privados representan alrededor del 8% del PIB (y un 3% adicional que viene de la externalización de pensiones profesionales), lo que está por debajo de la media de la OCDE, situada en un 60%.

¿Estarán buscando con las dudas sobre su viabilidad futura aportar proteínas a esos mercados que nos piden ofrendas?

Los sacerdotes del miedo sustentan sus previsiones en proyecciones a 2030 y establecen un punto crítico en 2060. Imaginemos la solidez de una proyección para España, de cualquier variable, hecha para el periodo 1939-1989. Este sí es un dato verificable: el gasto en pensiones contributivas en 1985 fue el 7,5% del PIB, en 2008 el 7,8%.

El profesor Julio Pérez Díaz, en un interesante trabajo, reproduce esta frase: "El porvenir sacrificado al pasado: el aplastante peso de las pensiones de jubilación". Frase que se encuentra en un artículo publicado ¡en 1930! Compartimos su reflexión de que "algo no debe funcionar bien en nuestra manera de ver las consecuencias de la evolución demográfica, cuando casi un siglo después estamos repitiendo las mismas cosas".

La sociedad española y el Gobierno saben que UGT está dispuesta a arrimar el hombro. Queremos que la reforma laboral revierta sus aspectos más negativos; que nuestro sistema de pensiones siga siendo el más sólido de Europa avanzando en derechos, no recortándolos. Queremos que los convenios colectivos sirvan para mejorar la competitividad y también las condiciones de trabajo. Buscando el consenso, como siempre lo hemos hecho.

La plutocracia es la preponderancia de los ricos en el Gobierno del Estado. Cuando el 40% del PIB reunido con el presidente del Gobierno le pide (¿o le conmina?) a que se mantenga firme en el recorte de derechos, algo va mal. Debemos evitar que esta crisis afecte a algo más que al empleo y a nuestra economía.

CÁNDIDO MÉNDEZ 14/12/2010

domingo, 12 de diciembre de 2010

CONSTRUCCIÓN ( Chico Buarque/Viglietti)


Nacha Guevara – Construccion


Chico Buarque en Espanhol – Construccion

Amó aquella vez como si fuese última
besó a su mujer como si fuese última
y a cada hijo suyo cual si fuese el único
y atravesó la calle con su paso tímido
subió a la construcción como si fuese máquina
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
sus ojos embotados de cemento y lágrimas
sentóse a descansar como si fuese sábado
comió su pan con queso cual si fuese un príncipe
bebió y sollozó como si fuese un náufrago
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico
y flotó por el aire cual si fuese un pájaro
y terminó en el suelo como un bulto fláccido
y agonizó en el medio del paseo público
murió a contramano entorpeciendo el tránsito

Amó aquella vez como si fuese el último
besó a su mujer como si fuese única
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo
y atravesó la calle con su paso alcohólico
subió a la construcción como si fuese sólida
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
sus ojos embotados de cemento y tránsito
sentóse a descansar como si fuese un príncipe
comió su pan con queso cual si fuese el máximo
bebió y sollozó como si fuese máquina
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música
y flotó por el aire cual si fuese sábado
y terminó en el suelo como un bulto tímido
agonizó en el medio del paseo náufrago
murió a contramano entorpeciendo el público

Amó aquella vez como si fuese máquina
besó a su mujer como si fuese lógico
alzó en el balcón cuatro paredes flácidas
sentóse a descansar como si fuese un pájaro
y flotó en el aire cual si fuese un príncipe
y terminó en el suelo como un bulto alcohólico
murió a contromano entorpeciendo el sábado

Traducción: Daniel Viglietti

James stephens - El nacimiento de bran

Doug Windsor

Doug Windsor

F. G. Lorca - GACELA DEL AMOR DESESPERADO

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

VICENTE VERDÚ - Los remedios de la abuela

La crisis no es todo lo peor. Lo peor es la insistencia en los mismos métodos de antes para superar la crisis. Basta con observar las reuniones que celebran los miembros del G-20, del Fondo Monetario Internacional o de los bancos centrales para darse cuenta del problema. A ninguno de ellos se le ocurre otro modo de combatir la naturaleza de la crisis que reiterar las fórmulas anticrisis de los años de María Castaña.

Como consecuencia, esas recetas, compuestas ya de medicinas rancias, no hacen otra cosa que empeorar al enfermo o, en el mejor de los casos, inducirle a escupirlas.

Lo peor de la crisis no es pues la crisis, sino la obstinada ignorancia de los responsables para tratar con ella. Viejos o jóvenes, listos o tontos, quienes conforman los eximios equipos de la economía, especialmente occidental, no hacen otra cosa que aplicar medidas keynesianas o antikeynesianas -lo mismo da- que coge a Keynes y sus oponentes convertidos en polvo infértil dentro de sus ataúdes.

¿Habría superado la física o la matemática sus aporías si hubiera continuado pensando de la misma manera que hace décadas? Claro que no.

¿Cómo, pues, esperar que la situación económica supere su atasco, si los procedimientos para rescatar su circulación, que nunca será la misma, son repeticiones de las tácticas económicas del pasado? O bien los políticos, los grandes funcionarios y los ilustres economistas no saben más y, por tanto, deberían acudir a las selectas open sources del conocimiento en red o bien saben que no saben y solo pretenden mantenerse en el puesto de mando espantando cualquier idea que no coincida con el esquema de sus libros de texto y sus vetustos méritos profesionales.

En casi todos los ámbitos, y cada vez más en mayor proporción, las aportaciones de profesionales o amateurs de distintos campos, lugares, pensamientos y experiencias están creando a través de cooperaciones, interacciones e intercambios en la Red un nuevo, más complejo y ajustado conocimiento del mundo que vivimos, y así como la conjugación de diferentes puntos de vista han modificado el marketing, el coche, el entretenimiento, el consumo, la naturaleza, la moda, la física o la logística, podrían también lograr una mejor y más rica manera de entender los funcionamientos de los sistemas económicos.

¿O es que todavía hará falta algo más para aceptar que el actual sistema económico está agotado, agarrotado, gripado, y los fármacos que se le aplican son, como poco, tan viejos e inocuos como los remedios de la abuela? ¿O es que alguien cree todavía que poniendo la marcha atrás, reduciendo déficits, inyectando dinero para crear liquidez, retrocediendo en suma por la misma senda desembocaremos en el paraje próspero del que partimos?

Ni las ciencias físicas ni las ciencias sociales escapan a la segunda ley de la termodinámica y su principio de entropía. El pasado no vuelve nunca y tampoco ahora llegará indemne pedaleando al revés. Todos estos doctores que se reúnen, diagnostican el mal y aprueban un plan de curación están tan enfermos como el sistema al que se refieren. O más enfermos, puesto que mientras el sistema, por su cuenta, evoluciona y nunca detiene su metamorfosis. Los doctores se preservan apretando los dientes sobre las tesis que les hicieron ilustres y les dieron empleo.

La frugalidad, que fue pobreza, puede ser hoy una deseable forma de vida. La disminución del trabajo, sus alternativas o sus cambios, que fueran considerados temibles, pueden hoy brindar felicidad. Los móviles, por ejemplo, que cada vez ofrecen más prestaciones, podrían ser más codiciados si se les aligerara de innumerables funciones que no sirven sino para agobiar.

El modelo que sobrevendrá tras la crisis no será, en fin, una reparación del actual si no, probablemente, una hijuela en la que los genes y los virus, los cromosomas, las neuronas y las hormonas habrán evolucionado y emergerán recombinados de una manera lo bastante distinta como para que reconozcamos en su sistema no un más o un menos de lo anterior sino una inédita versión de la economía y la sociedad, de la estética y de la moral novedosamente reunidas.

Pensar y actuar, como ahora se hace, repitiendo las claves médico-económicas de hace más de medio siglo, es, en el mejor de los casos, administrar placebos al paciente. Y, en el peor de los supuestos, dada la alta caducidad de algunos fármacos, inculcar venenos al enfermo.

El País

sábado, 11 de diciembre de 2010

Juan Gelman - Preguntas

Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte,
mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.

Hermann Hesse - El lobo estepario

Children

Children

Fray Luis de León - La perfecta casada

Franz Kafka - Ante la ley

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero, al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente, siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y, como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.
-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Maria Zambrano - Claros Del Bosque

F. G. Lorca - EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Marc Pettersen

Marc Pettersen

Un viejo que leía novelas de amor - Luis Sepúlveda

jueves, 9 de diciembre de 2010

HARUKI MURAKAMI - TOKIO BLUES

Silvia Rodríguez Bravo - ENTREGA II

Ven, redúceme al instinto carnal de tu laberinto,
comulga en mi templo la penitencia del pecado
que no es pecado, es la necesidad justa, natural,
grano a grano de tus manos en mis labios.
Poro a poro, sin fatiga tu cuerpo y mi cuerpo
se irán desgranando en el verbo prehistórico de los deseos.
Bebe de mi piel cada sorbo, mira estos labios
que buscan la humedad de tu sexo.

Ven, busca en mis pupilas asilo para tus demonios,
toca la expresión de mi carne, la alquimia de mis senos,
antes que el amanecer extermine esta hora.
Devoro tu cuerpo como Saturno a sus hijos,
y es que siento como tus aspas rompen el madero
de mi cautiverio y soy el reventar de olas nocturnas,
el caudal que silencioso recoge la nieve del verano.

Tu respirar corto, agitado, espacioso anuncia el malparir
de nieves condensadas, y yo cómplice del aborto,
dejo caer servilletas blancas sobre la selva sudorosa de tus colinas.
Hemos calmado la náusea placentera del alma y cuerpo,
hemos sondeado el vértigo del placer, el aullar de la noche,
hemos liberado al demonio escondido...
a ese esclavo anónimo que llevamos dentro.

Naia del Castillo

Naia del Castillo

Juan Rulfo - El llano en llamas

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Manuel Puig - El beso de la mujer araña

Cueva de Lascaux

Se puede acceder a toda la información acerca de estas pinturas rupestres, sus orígenes y su significado en Cueva de Lascaux

Andrés Castellanos

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Andrés Castellanos

Jaroslav Hašek - El mas grande escritor checo

En virtud de que ya más de una vez aludí a mi persona relatando la historia del Partido del Progreso Moderado Dentro de los Límites de la Ley, me siento en la obligación de dejar la modestia inoportuna para criticarme a mi mismo digna e imparcialmente delante de todo el público.
Como líder que soy del Partido del Progreso Moderado Dentro de los Límites de la Ley, y su candidato, tengo que juzgar mis acciones y mi conducta lo más objetiva y sinópticamente que me sea posible para que nadie pierda ni un ápice de mi carácter. De verdad, hay momentos en mi vida, en los que me digo a mí mismo por lo bajo, henchido de entusiasmo por alguno de mis actos: "Dios mío, pero que alhajita soy". Aunque, por otro lado, de qué me serviría todo eso si no se enterara de ello el mundo entero. El mundo debe llegar a tal conclusión, la humanidad tiene que apreciarme en todo lo que valgo; y no solamente por mis grandes dotes y enormes capacidades, sino también por mi talento fabuloso y mi carácter prístino, que no tiene igual. No obstante, alguien podría objetar el que no deje a otra persona más competente escribir esta oda, el que fuerce tan violentamente mi modestia elogiándome a mí mismo.
Contesto: Ello es debido a que nadie me conoce mejor que yo mismo, y además, seguramente que no escribiré de mí nada que no se corresponda con la realidad porque sería ridículo que yo exagerara escribiendo acerca de mí mismo. Por esta razón recurro a las expresiones más modestas al elogiarme cuando ello es imprescindible, aunque parta resueltamente del punto de vista de que, si bien es cierto que la modestia adorna al hombre, un hombre de verdad no se debe adornar, razón por la cual no debemos ser excesivamente modestos. Hagamos pues a un lado todo vestigio de sentimentalismo, por culpa del cual nos apodaron nación de palomas, y seamos hombres. ¡No nos avergoncemos de reconocer públicamente nuestras virtudes! Qué hermoso es poder afirmar con osadía, "Sepa usted que yo soy un genio", cuando un hombre modesto diría imprudentemente, "Ya ve usted qué bestia soy".
Del mismo modo, un hombre razonable se coloca siempre en el primer plano de una manera inteligente y se grita a sí mismo: ¡Viva! Mientras que un hombre remilgado se queda sentado en el retrete, su compañero más feliz, después de haberse justipreciado debidamente, sabe triunfar en la vida pública. La melindrosidad constituye la peor faceta del carácter humano. Es un engaño envuelto en el pañuelo de la modestia, y precisamente en mí, hombre tan emérito y celebrado por toda la literatura, la política y la vida pública checa, sería una vergüenza, sería un pecado de lesa patria cometido en contra de toda la nación checa, que osara dejarla en la incertidumbre de si soy o no un hombre genial.
Por esta razón digo llanamente: en la historia de toda la humanidad ha habido solamente un individuo tan multifacéticamente perfecto, y ese soy yo. Tome, por ejemplo, alguno de mis cuentos extraordinariamente mejor logrados ¿Qué es lo que usted ve al dar vuelta a una y otra y otra página? Cada frase tiene un profundo sentido, cada palabra está en el lugar justo que le corresponde, todo está de acuerdo con la realidad. Si empiezo a describir un paisaje, usted lo tiene ante sí como si estuviera fotografiado y ve enfrente, como si estuvieran vivas las personas que le voy mostrando en el curso de una trama tejida de manera graciosísima. Al mismo tiempo, el checo en mis trabajos literarios es el más castizo, que sobrepuja en pureza al checo de la Biblia de Kralice. Es una delicia verdadera leer por lo menos una línea de mis trabajos, y cuando usted lo haga verá qué encanto inunda su alma, cómo va a entrar en calor, cómo una sonrisa de felicidad ya jamás se apartará de ese libro y lo llevará siempre consigo. Cuántas veces he sido testigo de que la gente pone a un lado una revista porque en ella no halla nada mío. Yo he hecho otro tanto, porque yo también me cuento entre mis admiradores y no hago de ello ningún secreto. Hago que mi esposa Jarmila, la mujer más graciosa y más inteligente del mundo, me lea cada trabajo impreso salido de mi pluma, y a cada frase que oigo no puedo reprimir una exclamación de admiración bien merecida: "¡Qué brillante, qué hermoso! ¡Qué cabeza la de ese señor Hašek!". Sin embargo esto lo mencioné nada más de paso porque es precisamente un documento excelente que demuestra el entusiasmo que despiertan mis trabajos literarios a los lectores, y estoy seguro de que miles y miles de ellos lo manifiestan con igual arrebato. Esa admiración me es cara porque brota de los corazones de una muchedumbre sumamente inteligente, para la cual seré por siempre el escritor más famoso del mundo. Yo mismo soy una muestra viva de la mendacidad de las noticias que divulgan críticos poco escrupulosos cuando afirman que en nuestro país no contamos con ningún escritor de talla mundial.
Ahora pasaré brevemente a valorar mi carácter.
Un hombre que escribe cosas tan hermosas como yo tiene por fuerza que tener también un alma hermosa, ¡y en las próximas lecciones para el Consejo del Imperio habrá seguramente posibilidades de que, una vez que se me elija por unanimidad de votos como representante por uno o más distritos, lave al parlamento austríaco la vergüenza de que hasta ahora no haya sesionado en él el hombre más noble del imperio austro-húngaro! Tal vez no necesite explicar que al referirme a ese hombre nobilísimo estoy pensando en mí mismo. Para finalizar, proclamaré explícitamente que también esto que acabo de pergeñar es una de los más grandes y nobles hechos puesto que: ¿Qué puede haber más hermoso que el que un hombre eleve a la cumbre de la gloria a alguien con absoluto desinterés? Con este capítulo se les abrirán los ojos a muchos que tal vez buscaron en este libro, en esta gran historia, una serie de libelos y de crítica despectiva de numerosas personalidades de la vida pública. ¡Si estas líneas son un libelo, entonces no sé que es de veras un libelo!


Jaroslav Hasek