sábado, 31 de julio de 2010

Oasis - Dig Out Your Soul

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1. "Bag It Up" – 4:39
2. "The Turning" – 5:05
3. "Waiting for the Rapture" – 3:03
4. "The Shock of the Lightning" – 5:02
5. "I'm Outta Time" (Liam Gallagher) – 4:10
6. "(Get Off Your) High Horse Lady" – 4:07
7. "Falling Down" – 4:20
8. "To Be Where There's Life" (Gem Archer) – 4:35
9. "Ain't Got Nothin'" (L. Gallagher) – 2:15
10. "The Nature of Reality" (Andy Bell) – 3:48
11. "Soldier On" (L. Gallagher) – 4:49

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Goran Bregovic - Tiempo de gitanos

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FRANZ SCHUBERT - MOMENTS MUSICAUX - IMPROMPTUS

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  • 1. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Theme: Andante (1:32)
  • 2. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 1 (1:23)
  • 3. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 2 (1:22)
  • 4. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 3 (2:16)
  • 5. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 4 (1:51)
  • 6. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 5 (1:28)
  • 7. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Più lento (0:56)
  • 8. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 1 in C major (5:17)
  • 9. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 2 in A flat major (6:42)
  • 10. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 6 in F minor (9:02)
  • 11. 4 Impromptus, D 899 No. 1 in C minor (10:30)
  • 12. 4 Impromptus, D 899 No. 2 in E flat major (4:32)
  • 13. 4 Impromptus, D 899 No. 3 in G flat major (5:29)
  • 14. 4 Impromptus, D 899 No. 4 in A flat major (6:43)

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  • Santiago de Compostela

    Michal Tokarczuk

    Michal Tokarczuk

    viernes, 30 de julio de 2010

    CARMEN CONDE - HALLAZGO

    Desnuda y adherida a tu desnudez.
    Mis pechos como hielos recién cortados,
    en el agua plana de tu pecho.
    Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
    Y tú, flotante en mi desnudez.
    Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
    Podrás desceñir mi sueño
    porque el cielo descansará en mi frente.
    Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
    Navegaremos juntos, tú serás mi vela
    y yo te llevaré por mares escondidos.
    ¡Qué suprema efusión de geografías!
    Tus manos sobre mis manos,
    tus ojos, aves de mi árbol,
    en la yerba de mi cabeza.

    Anton Postnikov

    Anton Postnikov

    Eduardo Mendoza - El Misterio de La Cripta Embrujada



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    jueves, 29 de julio de 2010

    Dimitry Martinson

     

    Dimitry Martinson

    Eva Luna - Isabel Allende

    En esos días, ella se levantaba temprano y preparaba el desayuno, se vestía con sus mejores trajes, se adornaba con todas sus joyas, se peinaba con el pelo echado hacia atrás, sujeto en la nuca con una media cola, dejando el resto suelto sobre sus hombros. Nunca se había visto tan hermosa. Al principio, el primo la eludía, delante de ella mantenía los ojos en el suelo y casi no le hablaba, se quedaba todo el día en el almacén y por las noches salía a vagar por el pueblo; pero pronto le fue imposible sustraerse al poder de esa mujer, a la huella pesada de su aroma, al calor de su paso, al embrujo de su voz. El ámbito se llenó de urgencias secretas, de presagios, de llamadas….
    … sucedía algo prodigioso… una guerra privada de ellos dos, una violenta lucha de voluntades. Kamal se batía en retirada, cavando trincheras, defendido por siglos de tabúes, por el respeto a las leyes de la hospitalidad y a los lazos de sangre que lo unían a Riad Halabí. Zulema, ávida como una flor carnívora, agitaba sus pétalos fragantes para atraerlo a su trampa… se transformó en una hembra enorme y fatal, una araña pálida tejiendo incansable su red.
    Zulema se sentaba en la sombra del patio a pintarse las uñas de los pies y mostraba sus gruesas piernas hasta medio muslo. Zulema fumaba y con la punta de la lengua acariciaba en círculos la boquilla del cigarro, los labios húmedos. Zulema se movía y el vestido se deslizaba descubriendo un hombro redondo que atrapaba toda la luz del día con su blancura imposible. Zulema comía una fruta madura y el jugo amarillo le salpicaba un seno. Zulema jugaba con su pelo azul, cubriéndose parte de la cara y mirando a Kamal con ojos de hurí…
    La mujer atrapó a su presa en el patio. El primo llevaba media banana en la mano e iba masticando la otra mitad, una barba de dos días le sombreaba la cara y sudaba porque hacia calor y era la noche de su derrota… El joven se detuvo con la boca llena y los ojos espantados. Ella se aproximó lentamente, tan inevitable como un fantasma, hasta quedar a pocos centímetros de él… Kamal… Kamal, y siguió un murmullo de palabras en la lengua de ellos, mientras un dedo de la mujer tocaba los labios del hombre y dibujaba su contorno con un roce muy leve.
    Kamal gimió vencido, se tragó lo que le quedaba en la boca y dejó caer el resto de la fruta. Zulema le tomó la cabeza y lo atrajo, donde sus grandes senos lo devoraron. Lo retuvo allí, hasta que el se apartó y entonces se miraron jadeantes, pesando y midiendo el riesgo, y pudo más el deseo y se fueron abrazados a la cama de Riad Halabí.
    De pié junto a la cama, Zulema lo envolvió en sus brazos y lo besó hasta que él atino a levantar las manos y tomarla por la cintura, respondiendo las caricias con un sollozo sufriente. Ella recorrió sus párpados, su cuello, su frente con besos rápidos, lamidos urgentes y mordiscos breves, le desabotonó la camisa y se la quitó a tirones. A su vez él trató de arrancarle la túnica, pero se enredó en los pliegues y optó por lanzarse sobre sus pechos a través del escote. Sin dejar de manosearlo, Zulema le dio vuelta colocándose a su espalda y siguió explorándole el cuello y los hombros, mientras sus dedos manipulaban el cierre del pantalón…
    Kamal la empujó sobre la cama, y ella soltó un grito, aprisionándolo con sus gruesas piernas y arañándole la espalda. Él se sacudió unas cuantas veces y luego se desplomó con un quejido visceral; pero ella no se había preparado tanto para salir del paso en un minuto, así es que se lo quitó de encima; lo acomodó sobre los almohadones y se dedicó a reanimarlo, susurrándole instrucciones en árabe con tan buen resultado, que al poco rato lo tenía bien dispuesto. Entonces, él se abandonó con los ojos cerrados, mientras ella lo acariciaba hasta hacerlo desfallecer y por último lo cabalgó cubriéndolo con su opulencia y con el regalo de su cabello, haciéndolo desparecer por completo, tragándolo en sus arenas movedizas, devorándolo, exprimiéndolo hasta su esencia y conduciéndolo a los jardines de Alá donde lo celebraron todas las odaliscas del profeta.
    Después descansaron en calma, abrazados como un par de criaturas en el bochinche de la lluvia y de los grillos de aquella noche que se había vuelto caliente como un mediodía.

    Eva Luna

    martes, 27 de julio de 2010

    Elías Nandino - Si hubieras sido tú

    Si hubieras sido tú, lo que en las sombras, anoche,

    bajó por la escalera del silencio

    y se posó a mi lado,

    para crear el cauce de acentos en vacío

    que, me imagino, será el lenguaje de los muertos.

    Si hubieras sido tú, de verdad, la nube sola

    que detuvo su viaje debajo de mis sábanas

    y se amoldó a mi piel

    de una manera leve, brisa, aroma,

    casi contacto angelical soñado…

    Si hubieras sido tú,

    lo que apartando la quietud oscura

    se apareció, tal como si fuera tu dibujo

    espiritual que quiso convencerme

    de que sigues, sin cuerpo, viviendo en la otra vida.

    Si hubieras sido tú la voz callada

    que se infiltró en la voz de mi conciencia,

    buscando incorporarte en la palabra

    surgida de tu muerte, por mis labios.

    Si hubieras sido tú lo que en mi sueño

    descendió como bruma, poco a poco,

    y me fue encarcelando

    en una vaga túnica de vuelo fallecido…

    Si hubieras sido tú la llama

    que inquemante pasó por mi desvelo

    sin conmover el lago del azoro,

    igual que en el espejo se sumerge

    la imagen, sin herirle

    el límpido frescor de su epidermis.

    Si hubieras sido tú…

    Pero nuestros sentidos

    no pueden identificar las ánimas.

    Los muertos, si es que vuelven, han perdido

    todo lo que pudiera

    darnos el goce de reconocerlos.

    ¿Quién más pudo venir a visitarme?

    Recuerdo que, contigo solamente,

    muchas veces hablé de la zozobra

    en que el constante asedio de la muerte

    nos tiene sepultados,

    y hablábamos los dos adivinando,

    haciendo conjeturas,

    ajustando preguntas, inventando respuestas,

    para quedar sumidos en derrota,

    muriendo en vida por pensar en muerte.

    Ahora tú ya sabes descifrar el misterio

    porque estás en su seno, pero yo no sé nada…

    En esta incertidumbre secretamente pienso

    que si no fuiste tú lo que en las sombras, anoche,

    bajó por la escalera del silencio

    y se posó a mi lado,

    entonces quizá fue

    una visita de mi propia muerte.

    J-L Studio

    J-L Studio