domingo, 1 de agosto de 2010

Elvis Presley - Stuck on You

 

Stuck on You
I'm Gonna Walk Dem Golden Stairs
Make Me Know It
Fever
Dirty, Dirty Feelings
Treat Me Nice
a Mess of Blues
The Girl Next Door Want A'Walking
Such a Night
That's Allright
Good Rockin' Tonight
Dixieland Rock
Baby Let's Play House

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José Emilio Pacheco - Por hondo que sea el mar profundo

El pleito convenció a Jim de que yo era su amigo. Un viernes hizo lo que nunca había hecho: me invitó a merendar en su casa. Qué pena no poder llevarlo a la mía. Subimos al cuarto piso y abrió la puerta. Traigo llave porque a mi mamá no le gusta tener sirvienta. El departamento olía a perfume, estaba ordenado y muy limpio. Muebles flamantes de Sears Roebuck. Una foto de la señora por Semo, otra de Jim cuando cumplió un año ( al fondo el Golden Gate ), varias del Señor con el Presidente en ceremonias, en inauguraciones, en el Tren Olivo, en el avión Mexicano, en fotos de conjunto. “El Cachorro de la Revolución “ y su equipo: los primeros universitarios que gobernaban el país. Técnicos, no políticos. Personalidades morales intachables, insistía la propaganda.
Nunca pensé que la madre de Jim fuera tan joven, tan elegante y sobre todo tan hermosa. No supe qué decirle. No puedo describir lo que sentí cuando ella me dio la mano. Me hubiera gustado quedarme allí mirándola. Pasen por favor al cuarto de Jim. Voy a terminar de prepararles la merienda. Jim me enseñó su colección de plumas atómicas ( los bolígrafos apestaban, derramaban tinta viscosa; eran la novedad absoluta aquel año en que por última vez usábamos tintero, manguillo, secante ), los juguetes que el Señor le compró en Estados Unidos: cañón que disparaba cohetes de salva, cazabombarderos de propulsión a chorro, soldados con lanzallamas, tanques de cuerda, ametralladoras de plástico ( apenas comenzaban los plásticos ), tren eléctrico Lionel, radio portátil. No llevo nada de esto a la escuela porque nadie tiene juguetes así en México. No, claro, los niños de la Segunda Guerra Mundial no tuvimos juguetes. Todo fue producción militar. Hasta la Parker y la Esterbrook, leí en Selecciones, fabricaron materiales de guerra. Pero no me importaban los juguetes. Oye, ¿cómo dijiste que se llama tu mamá? Mariana. Le digo así, no le digo mamá. ¿Y tú? No, pues no, a la mía le hablo de usted; ella tambien les habla de usted a mis abuelitos. No te burles Jim, no te rías.
Pasen a merendar, dijo Mariana. Y nos sentamos. Yo frente a ella, mirándola. No sabía qué hacer: no probar bocado o devorarlo todo para halagarla. Si como, pensará que estoy hambriento; si no como, creerá que no me gusta lo que hizo. Mastica despacio, no hables con la boca llena. ¿De qué podemos conversar? Por fortuna Mariana rompe el silencio. ¿Qué te parecen? Les dicen Flying Saucers: platos voladores, sándwiches asados en este aparato. Me encantan, señora, nunca había comido nada tan delicioso. Pan Bimbo, jamón, queso Kraft, tocino, mantequilla, ketchup, mayonesa, mostaza. Eran todo lo contrario del pozole, la birria, las tostadas de patas, el chicharrón en salsa verde que hacía mi madre. ¿Quieres más platos voladores? Con mucho gusto te los preparo. No, mil gracias, señora. Están riquísimos pero de verdad no se moleste.
Ella no tocó nada. Habló, me habló todo el tiempo. Jim callado, comiendo uno tras otro platos voladores. Mariana me preguntó: ¿A qué se dedica tu papá? Qué pena contarle: es dueño de una fábrica, hace jabones de tocador y de lavadero. Lo están arruinando los detergentes. ¿Ah si? Nunca lo había pensado. Pausas, silencios. ¿Cuántos hermanos tienes? Tres hermanas y un hermano. ¿Son de aquí de la capital? Sólo la más chica y yo, los demás nacieron en Guadalajara. Teníamos una casa muy grande en la calle de San Francisco. Ya la tumbaron. ¿Te gusta la escuela? La escuela no está mal aunque – ¿verdad Jim? – nuestros compañeros son muy latosos.
Bueno, señora, con su permiso, ya me voy. ( ¿Cómo aclararle: me matan si regreso después de las ocho. Un millón de gracias, señora. Todo estuvo muy bueno deveras. Voy a decirle a mi mamá que compre el asador y me haga platos voladores. No hay en México, intervino por primera vez Jim. Si quieres te lo traigo ahora que vaya a los Estados Unidos.
Aquí tienes tu casa. Vuelve pronto. Muchas gracias de nuevo, señora. Gracias Jim. Nos vemos el lunes. Cómo me hubiera gustado permanecer allí para siempre o cuando menos llevarme la foto de Mariana que estaba en la sala. Caminé por Tabasco, di vuelta en Córdoba para llegar a mi casa en Zacatecas. Los faroles plateados daban muy poca luz. Ciudad en penumbra, misteriosa colonia Roma de entonces. Átomo del inmenso mundo, dispuesto muchos años antes de mi nacimiento como una escenografía para mi representación.
Una sinfonola tocaba el bolero. Hasta ese momento la música había sido nada más el Himno Nacional, los cánticos de mayo en la iglesia, Cri Cri, sus canciones infantiles – Los caballitos, Marcha de las letras, Negrito sandía, El raton vaquero, Juan Pestañas – y la melodía circular, envolvente, húmeda de Ravel con que la XEQ iniciaba sus transmisiones a las seis y media, cuando mi padre encendía el radio para despertarme con el estruendo de la Legión de los Madrugadores. Al escuchar el otro bolero que nada tenía que ver con el de Ravel, me llamó la atención la letra. Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo.
Miré la avenida Alvaro Obregón y me dije: Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo intacto porque hoy me enamoré de Mariana. ¿Qué va a pasar? No pasará nada. Es imposible que algo suceda. ¿Qué haré? ¿Cambiarme de escuela para no ver a Jim y por tanto no ver a Mariana? ¿Buscar una niña de mi edad? Pero a mi edad nadie puede buscar a ninguna niña. Lo único que puede es enamorarse en secreto, en silencio, como yo de Mariana. Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza.

sábado, 31 de julio de 2010

Presuntos Implicados -- Será

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01- La fiesta.
02- Tú ¿cómo estás?
03- No digas nada.
04- Vuelves a mi.
05- Dónde voy yo.
06- Ahora que sé lo que decir.
07- Será.
08- Acuérdate.
09- Cuando te sonríe Julia.
10- Las estaciones.
11- 7 pisos.
12- La huella.
13- Lloviendo en San Valentín.
14- Milenios

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El Cabrero - Fandangos de Huelva

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1 Dale alas y volará (Fandangos de Huelva)
2 Tú del campo eres la flor (Fandangos de los montes de San Benito)
3 Bailando entre las encinas (Fandangos de Alonso al estilo de Antonio Abad)
4 Presa está la libertad (Fandangos de Almonaster)
5 Muchos prometen la luna (Fandangos de Alonso al estilo de José Ramírez Correa)
6 La tierra me dio la vida (Fandangos de Cabeza Rubia)
7 De la via y la muerte (Fandangos de Alonso al estilo de María la Conejilla)
8 En la cárcel me ví un día (Fandangos de Huelva al estilo de José Rebollo)
9 En lo alto de un olivo (Fandangos de Ensinasola)
10 Vivo sin prisa ninguna (Fandangos de Valverde)
11 Como terreno de Tosca (Fandangos del cerro de Andevalo)
12 Se la dan de inteligente (Fandangos de Calaña)

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Oasis - Dig Out Your Soul

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1. "Bag It Up" – 4:39
2. "The Turning" – 5:05
3. "Waiting for the Rapture" – 3:03
4. "The Shock of the Lightning" – 5:02
5. "I'm Outta Time" (Liam Gallagher) – 4:10
6. "(Get Off Your) High Horse Lady" – 4:07
7. "Falling Down" – 4:20
8. "To Be Where There's Life" (Gem Archer) – 4:35
9. "Ain't Got Nothin'" (L. Gallagher) – 2:15
10. "The Nature of Reality" (Andy Bell) – 3:48
11. "Soldier On" (L. Gallagher) – 4:49

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Goran Bregovic - Tiempo de gitanos

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FRANZ SCHUBERT - MOMENTS MUSICAUX - IMPROMPTUS

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  • 1. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Theme: Andante (1:32)
  • 2. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 1 (1:23)
  • 3. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 2 (1:22)
  • 4. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 3 (2:16)
  • 5. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 4 (1:51)
  • 6. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Variation 5 (1:28)
  • 7. Impromptu in B flat major, D 935 No. 3 Più lento (0:56)
  • 8. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 1 in C major (5:17)
  • 9. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 2 in A flat major (6:42)
  • 10. 6 Moments Musicaux, D 780 No. 6 in F minor (9:02)
  • 11. 4 Impromptus, D 899 No. 1 in C minor (10:30)
  • 12. 4 Impromptus, D 899 No. 2 in E flat major (4:32)
  • 13. 4 Impromptus, D 899 No. 3 in G flat major (5:29)
  • 14. 4 Impromptus, D 899 No. 4 in A flat major (6:43)

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  • Santiago de Compostela

    Michal Tokarczuk

    Michal Tokarczuk

    viernes, 30 de julio de 2010

    CARMEN CONDE - HALLAZGO

    Desnuda y adherida a tu desnudez.
    Mis pechos como hielos recién cortados,
    en el agua plana de tu pecho.
    Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
    Y tú, flotante en mi desnudez.
    Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
    Podrás desceñir mi sueño
    porque el cielo descansará en mi frente.
    Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
    Navegaremos juntos, tú serás mi vela
    y yo te llevaré por mares escondidos.
    ¡Qué suprema efusión de geografías!
    Tus manos sobre mis manos,
    tus ojos, aves de mi árbol,
    en la yerba de mi cabeza.

    Anton Postnikov

    Anton Postnikov

    Eduardo Mendoza - El Misterio de La Cripta Embrujada



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    jueves, 29 de julio de 2010

    Dimitry Martinson

     

    Dimitry Martinson

    Eva Luna - Isabel Allende

    En esos días, ella se levantaba temprano y preparaba el desayuno, se vestía con sus mejores trajes, se adornaba con todas sus joyas, se peinaba con el pelo echado hacia atrás, sujeto en la nuca con una media cola, dejando el resto suelto sobre sus hombros. Nunca se había visto tan hermosa. Al principio, el primo la eludía, delante de ella mantenía los ojos en el suelo y casi no le hablaba, se quedaba todo el día en el almacén y por las noches salía a vagar por el pueblo; pero pronto le fue imposible sustraerse al poder de esa mujer, a la huella pesada de su aroma, al calor de su paso, al embrujo de su voz. El ámbito se llenó de urgencias secretas, de presagios, de llamadas….
    … sucedía algo prodigioso… una guerra privada de ellos dos, una violenta lucha de voluntades. Kamal se batía en retirada, cavando trincheras, defendido por siglos de tabúes, por el respeto a las leyes de la hospitalidad y a los lazos de sangre que lo unían a Riad Halabí. Zulema, ávida como una flor carnívora, agitaba sus pétalos fragantes para atraerlo a su trampa… se transformó en una hembra enorme y fatal, una araña pálida tejiendo incansable su red.
    Zulema se sentaba en la sombra del patio a pintarse las uñas de los pies y mostraba sus gruesas piernas hasta medio muslo. Zulema fumaba y con la punta de la lengua acariciaba en círculos la boquilla del cigarro, los labios húmedos. Zulema se movía y el vestido se deslizaba descubriendo un hombro redondo que atrapaba toda la luz del día con su blancura imposible. Zulema comía una fruta madura y el jugo amarillo le salpicaba un seno. Zulema jugaba con su pelo azul, cubriéndose parte de la cara y mirando a Kamal con ojos de hurí…
    La mujer atrapó a su presa en el patio. El primo llevaba media banana en la mano e iba masticando la otra mitad, una barba de dos días le sombreaba la cara y sudaba porque hacia calor y era la noche de su derrota… El joven se detuvo con la boca llena y los ojos espantados. Ella se aproximó lentamente, tan inevitable como un fantasma, hasta quedar a pocos centímetros de él… Kamal… Kamal, y siguió un murmullo de palabras en la lengua de ellos, mientras un dedo de la mujer tocaba los labios del hombre y dibujaba su contorno con un roce muy leve.
    Kamal gimió vencido, se tragó lo que le quedaba en la boca y dejó caer el resto de la fruta. Zulema le tomó la cabeza y lo atrajo, donde sus grandes senos lo devoraron. Lo retuvo allí, hasta que el se apartó y entonces se miraron jadeantes, pesando y midiendo el riesgo, y pudo más el deseo y se fueron abrazados a la cama de Riad Halabí.
    De pié junto a la cama, Zulema lo envolvió en sus brazos y lo besó hasta que él atino a levantar las manos y tomarla por la cintura, respondiendo las caricias con un sollozo sufriente. Ella recorrió sus párpados, su cuello, su frente con besos rápidos, lamidos urgentes y mordiscos breves, le desabotonó la camisa y se la quitó a tirones. A su vez él trató de arrancarle la túnica, pero se enredó en los pliegues y optó por lanzarse sobre sus pechos a través del escote. Sin dejar de manosearlo, Zulema le dio vuelta colocándose a su espalda y siguió explorándole el cuello y los hombros, mientras sus dedos manipulaban el cierre del pantalón…
    Kamal la empujó sobre la cama, y ella soltó un grito, aprisionándolo con sus gruesas piernas y arañándole la espalda. Él se sacudió unas cuantas veces y luego se desplomó con un quejido visceral; pero ella no se había preparado tanto para salir del paso en un minuto, así es que se lo quitó de encima; lo acomodó sobre los almohadones y se dedicó a reanimarlo, susurrándole instrucciones en árabe con tan buen resultado, que al poco rato lo tenía bien dispuesto. Entonces, él se abandonó con los ojos cerrados, mientras ella lo acariciaba hasta hacerlo desfallecer y por último lo cabalgó cubriéndolo con su opulencia y con el regalo de su cabello, haciéndolo desparecer por completo, tragándolo en sus arenas movedizas, devorándolo, exprimiéndolo hasta su esencia y conduciéndolo a los jardines de Alá donde lo celebraron todas las odaliscas del profeta.
    Después descansaron en calma, abrazados como un par de criaturas en el bochinche de la lluvia y de los grillos de aquella noche que se había vuelto caliente como un mediodía.

    Eva Luna