miércoles, 15 de diciembre de 2010

Emma Jacob

Emma Jacob

Delfina Acosta - Madame Bobary

Después de tomar el mate, se reclinó sobre el respaldo aterciopelado del sofá, y continuó enfrascado en la lectura de Madame Bovary.

Se metió (no quería hacerlo, no debía, pero ya era tarde) en la aparición repentina de la mujer en el almacén del boticario del pueblo. Y era como si él también se hubiera metido, anhelante, deseoso del veneno, empujado por la desesperación de la vida que sale zumbante del carril.

A medida que el libro lo arrastraba, lo contaminaba, le venía una sensación de ser llevado por un tren a un destino tan injusto como inevitable.

Podía ver desde la ventanilla los tramos finales, aquellas últimas casas cuyas chimeneas despedían un humo negruzco, las golondrinas del crepúsculo buscando las ramas de los cipreses y de los robles, un hombre (con una lámpara en la mano) observando a la máquina viajera desde el umbral de una puerta.

Sintió náuseas.

Se levantó, tambaleante, con una terrible presión en la cabeza, y descargó un vómito en el patio.

La señora que hacía la limpieza de la casa y preparaba la comida además de dar alguna conversación sobre el clima cuando los bichos de luz rondaban el alumbrado público, le habló: ¿Se siente bien, señor?

Y él le dijo que no. Y le pidió un té de manzanilla.

Y el té vino rápido y excesivo. Y también el “Cuídese, señor. Si viera la cara de enfermo que tiene”.

“Esta es la segunda vez”, pensó Julio Castel.

Un ave nocturna chistó.

Se acostó, y con la cabeza colocada sobre la almohada que olía a lavanda, a frescura, y el ánimo ya recobrado, se dijo, se mintió, que mañana seguiría leyendo Madame Bovary.

El amanecer le llegó de golpe.

El libro, que estaba con las páginas abiertas sobre el piso, le pareció un insecto, una araña, algún ciempiés desenmascarado. Llamó a Juliana, que ya tenía preparado otro té de manzanilla y un vaso de agua, por si las moscas, y le pidió que se lo llevara lejos y lo enterrara.

Ninguna objeción.

Ningún comentario.

El patrón era normal, pero tenía la cabeza al revés.

Nunca más finales tristes. Nunca más ella, con los ojos caminados por la sombra de la muerte, perdiéndose en la distancia, y él observando, sin poder hacer nada, desaparecer el carruaje con el objeto de su pasión adentro. O él (otro él, otro personaje), enfermo de celos, decidido a disparar su revólver contra ella, quien intentaba, con el rostro pálido, explicarle que el hombre solamente había venido a su cuarto, interesado en su catálogo de mariposas (o algo así, o mejor, una excusa más creíble), pensó Julio Castel.

Siguió leyendo libros. Cinco, seis. A Juliana siempre le había parecido rara la gente que leía.

Cortaba la lectura en donde se le antojaba. Y luego se iba a silbar y mirar a los canarios en su jaula; así le venía la sensación de que daba un poco de claridad y libertad a las aves.

Margarita Pineda, su vecina, le pasó por sobre la muralla un libro, una tarde.

“Te gustará. Lástima el final. Yo no sé qué es eso de que la gente venga a morir al terminar la lectura. Manga de amargados, los escritores. ¿Verdad, Julio?”, dijo.

Al día siguiente, después de volver de la oficina, corrió las cortinas, y se sentó en el lugar de siempre, para leer la novela prestada.

Un joven pecoso (era el personaje central) estaba terminando de beber su cerveza negra. Las risas que llegaban desde las mesas donde los hombres intercambiaban bromas sobre las mujeres, las bocinas que hacían con las manos un grupo de muchachos revoltosos, el zumbido del ambiente apretado, miserable, y aun los números de las páginas, apuraron la decisión del joven que se largó del bar, salió a la noche, y, silbando fuertemente, se dirigió a la boletería.

La vio y quedó deslumbrado. Ella, delgada, hermosa, con su traje celeste, giraba cual trompo sobre la pista de hielo. Y al girar era como si fuera una flor rara que se abría lentamente.

Julio Castel suspiró convencido y cerró definitivamente el libro.

Algunos días después, Juliana observó embobada, mientras hacía la limpieza de la nueva galería de juguetes de su patrón, aquella bailarina (su tutú era celeste) de una cajita musical. Le daba cuerdas y bailaba, girando sobre sus pies. No. No era tanto la música... Era un no sé qué casi humano, quizás triste en su expresión. Su diminuta expresión de pequeña bailarina.

martes, 14 de diciembre de 2010

Luis de Góngora - Da bienes Fortuna

Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
a otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero,
y a quien se le antoja;
la cabra más coja
pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó sólo un huevo,
al sol bambolea,
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Rosa Montero - El puñal en la garganta

CÁNDIDO MÉNDEZ - El baile de los vampiros

Retrasar la edad de jubilación y debilitar la negociación colectiva no va a frenar la histeria especulativa. Como no la frenó la reforma laboral. Estas ofrendas solo son recortes de derechos en beneficio de unos cuantos.

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Hace algunos meses me preguntaron en una entrevista que hice para una prestigiosa revista de música si había visto Crepúsculo; contesté que prefería El baile de los vampiros, de Polanski. Vampiros clásicos de edad vetusta, que se dan un espléndido festín de sangre y humor espeluznante.

Ahora, con el agravamiento de la situación de la Unión Europea, con el batacazo de Irlanda y los renovados ataques a la deuda soberana, he vuelto a recordar el argumento de esa película: un chiflado profesor intenta acabar con la epidemia de vampiros. Consigue justo lo contrario, extender el mal. Las imágenes finales de la malograda Sharon Tate expresan ese descalabro.

En la Unión Europea está sucediendo algo similar. Las imposiciones en materia de déficit y la indecisión ante los cada vez más intensos ataques contra el euro, no solo no frenan la epidemia, sino que están contribuyendo a propagarla.

Las declaraciones de la canciller Merkel sugiriendo que los inversores, y no solo los ciudadanos, afrontasen las consecuencias de sus decisiones de inversión son un ejemplo de ello. Parece justo y racional, pero en tiempo y forma ha tenido un efecto perverso.

La prensa europea ha conformado una opinión bastante coincidente: se ha jugado con fuego. Se ha alimentado el pánico. Un diario financiero lo reflejaba así: "Hay bastantes posibilidades en la vida real de que la eurozona quede exterminada precisamente por su propuesta para que funcione mejor".

En nuestro país, el comisario de la Competencia hizo una desafortunada declaración ante la pregunta de si España tenía algo más. Nada comparable, si no fuera por la repercusión de sus palabras y sus silencios, con las declaraciones que un día sí y otro también están haciendo los responsables del PP. Sus políticas incubaron y propagaron la enfermedad. Ahora se están comportando como un agente patógeno. La caída del Gobierno conservador irlandés aumenta su impaciencia.

Indecisiones y precipitaciones que, unidas a los acuerdos de la Comisión y del Ecofin en materia de contención del déficit, están agravando la difícil situación que vive la Unión, retrasando la recuperación, aumentando el paro y los sacrificios de ciudadanos y trabajadores. Contra esas medidas, la Confederación Europea de Sindicatos se manifestará en toda la Unión el próximo 15 de diciembre y en nuestro país lo haremos además el 18 de diciembre.

El nuevo ataque especulativo contra España coincidía con la publicación del déficit del Estado, que en el periodo enero-diciembre se había reducido un 43%, el 2,96% del PIB. Reducción que está en la senda de cumplimiento de las exigencias de la Comisión Europea. ¿Entonces por qué se intensifican los ataques?

Hay un amplio consenso en que la crisis desatada en 2008 ha acelerado los desequilibrios que provoca tener una moneda única y una disparidad de políticas fiscales y económicas. Que lo que está sucediendo en la Unión Europea es una crisis también de gobernanza. Que los mercados están poniendo a prueba la solidez política de la eurozona. Que la desconfianza hacia nuestro país no es por la deuda del Estado, pero sí por la deuda del sector privado. El aserto de que una deuda bancaria es potencialmente una deuda soberana es compartido.

El profesor Ontiveros empleó recientemente una expresión que me parece muy oportuna, habló de "inventario de ofrendas que España ha hecho a los mercados de bonos" -con el propósito de que se aplaquen, añado yo-. El término ofrenda es muy adecuado porque desvela el sentido casi religioso que se le otorga a las llamadas "reformas estructurales". Las reformas, nosotros no discutimos la conveniencia de algunas, se han convertido en algo irracionalmente urgente.

Pero si alguien afirma que, con la reforma de las pensiones y de la negociación colectiva o con la impuesta reforma laboral se va a conseguir frenar la histeria especulativa se está y nos está engañando. Ya hay importantes fondos de inversión que consideran que ni siquiera las reformas estructurales podrían calmar a los mercados. Estamos asistiendo a una agonía que se puede llevar por delante años de lucha por la igualdad. Se está erosionando la credibilidad de las instituciones democráticas nacionales y europeas.

En España nos urgen a entregar las "ofrendas" comprometidas. Dos son inexcusables: aumentar la edad de jubilación a 67 años y limitar la eficacia de los convenios colectivos. El Gobierno, sin excepción alguna, repite que lo hará "pese a quien pese", aunque sea a costa de inmolarse.

Pero ¿quiénes son los brujos que interpretan a los "mercados"? Uno es el gobernador del Banco de España, el mismo que en diciembre de 2007 afirmaba que "los fundamentos del sistema financiero global siguen siendo sólidos y los balances bancarios están saneados". Otros, los 100 expertos de la reforma laboral. Alguno de ellos proclamaba el pasado mes de abril su "envidia sana de Irlanda" alabándola porque "el mercado ha considerado los planes presupuestarios irlandeses creíbles, y esto ha (sic) reducido su prima de riesgo... Los que hayan hecho sus deberes, como Irlanda, respirarán tranquilos...". Profético.

Recientemente, una reputada periodista de este diario escribía: "Visto con un poco de perspectiva, debería asombrarnos, por ejemplo, la capacidad que ha tenido el Banco de España para distraernos todo el tiempo de la realidad... Y mientras hablaba de todo eso, que no forma parte de sus competencias, callaba sobre lo que sí hubiera sido su responsabilidad y su obligación: impedir el explosivo endeudamiento privado que fomentan los bancos y entidades de crédito". No puedo estar más de acuerdo con ella; nos hemos hartado de denunciar públicamente ese comportamiento.

El antropólogo Marvin Harris sugiere que las ofrendas de sangre que ritualizaron los aztecas, en las que se practicaba el canibalismo, tenían otra función: compensar el déficit de proteína de origen animal.

El sistema de pensiones es un punto fuerte de nuestra economía, su Fondo de Reserva equivale al 6% del PIB. Un reciente informe de la UE constataba que "dado que el sistema español de pensiones es fundamentalmente público y el peso del seguro privado es muy limitado, la crisis financiera no ha tenido ningún efecto directo en actuales o futuros pensionistas". Así es, los fondos privados representan alrededor del 8% del PIB (y un 3% adicional que viene de la externalización de pensiones profesionales), lo que está por debajo de la media de la OCDE, situada en un 60%.

¿Estarán buscando con las dudas sobre su viabilidad futura aportar proteínas a esos mercados que nos piden ofrendas?

Los sacerdotes del miedo sustentan sus previsiones en proyecciones a 2030 y establecen un punto crítico en 2060. Imaginemos la solidez de una proyección para España, de cualquier variable, hecha para el periodo 1939-1989. Este sí es un dato verificable: el gasto en pensiones contributivas en 1985 fue el 7,5% del PIB, en 2008 el 7,8%.

El profesor Julio Pérez Díaz, en un interesante trabajo, reproduce esta frase: "El porvenir sacrificado al pasado: el aplastante peso de las pensiones de jubilación". Frase que se encuentra en un artículo publicado ¡en 1930! Compartimos su reflexión de que "algo no debe funcionar bien en nuestra manera de ver las consecuencias de la evolución demográfica, cuando casi un siglo después estamos repitiendo las mismas cosas".

La sociedad española y el Gobierno saben que UGT está dispuesta a arrimar el hombro. Queremos que la reforma laboral revierta sus aspectos más negativos; que nuestro sistema de pensiones siga siendo el más sólido de Europa avanzando en derechos, no recortándolos. Queremos que los convenios colectivos sirvan para mejorar la competitividad y también las condiciones de trabajo. Buscando el consenso, como siempre lo hemos hecho.

La plutocracia es la preponderancia de los ricos en el Gobierno del Estado. Cuando el 40% del PIB reunido con el presidente del Gobierno le pide (¿o le conmina?) a que se mantenga firme en el recorte de derechos, algo va mal. Debemos evitar que esta crisis afecte a algo más que al empleo y a nuestra economía.

CÁNDIDO MÉNDEZ 14/12/2010

domingo, 12 de diciembre de 2010

CONSTRUCCIÓN ( Chico Buarque/Viglietti)


Nacha Guevara – Construccion


Chico Buarque en Espanhol – Construccion

Amó aquella vez como si fuese última
besó a su mujer como si fuese última
y a cada hijo suyo cual si fuese el único
y atravesó la calle con su paso tímido
subió a la construcción como si fuese máquina
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
sus ojos embotados de cemento y lágrimas
sentóse a descansar como si fuese sábado
comió su pan con queso cual si fuese un príncipe
bebió y sollozó como si fuese un náufrago
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico
y flotó por el aire cual si fuese un pájaro
y terminó en el suelo como un bulto fláccido
y agonizó en el medio del paseo público
murió a contramano entorpeciendo el tránsito

Amó aquella vez como si fuese el último
besó a su mujer como si fuese única
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo
y atravesó la calle con su paso alcohólico
subió a la construcción como si fuese sólida
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
sus ojos embotados de cemento y tránsito
sentóse a descansar como si fuese un príncipe
comió su pan con queso cual si fuese el máximo
bebió y sollozó como si fuese máquina
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música
y flotó por el aire cual si fuese sábado
y terminó en el suelo como un bulto tímido
agonizó en el medio del paseo náufrago
murió a contramano entorpeciendo el público

Amó aquella vez como si fuese máquina
besó a su mujer como si fuese lógico
alzó en el balcón cuatro paredes flácidas
sentóse a descansar como si fuese un pájaro
y flotó en el aire cual si fuese un príncipe
y terminó en el suelo como un bulto alcohólico
murió a contromano entorpeciendo el sábado

Traducción: Daniel Viglietti

James stephens - El nacimiento de bran

Doug Windsor

Doug Windsor

F. G. Lorca - GACELA DEL AMOR DESESPERADO

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

VICENTE VERDÚ - Los remedios de la abuela

La crisis no es todo lo peor. Lo peor es la insistencia en los mismos métodos de antes para superar la crisis. Basta con observar las reuniones que celebran los miembros del G-20, del Fondo Monetario Internacional o de los bancos centrales para darse cuenta del problema. A ninguno de ellos se le ocurre otro modo de combatir la naturaleza de la crisis que reiterar las fórmulas anticrisis de los años de María Castaña.

Como consecuencia, esas recetas, compuestas ya de medicinas rancias, no hacen otra cosa que empeorar al enfermo o, en el mejor de los casos, inducirle a escupirlas.

Lo peor de la crisis no es pues la crisis, sino la obstinada ignorancia de los responsables para tratar con ella. Viejos o jóvenes, listos o tontos, quienes conforman los eximios equipos de la economía, especialmente occidental, no hacen otra cosa que aplicar medidas keynesianas o antikeynesianas -lo mismo da- que coge a Keynes y sus oponentes convertidos en polvo infértil dentro de sus ataúdes.

¿Habría superado la física o la matemática sus aporías si hubiera continuado pensando de la misma manera que hace décadas? Claro que no.

¿Cómo, pues, esperar que la situación económica supere su atasco, si los procedimientos para rescatar su circulación, que nunca será la misma, son repeticiones de las tácticas económicas del pasado? O bien los políticos, los grandes funcionarios y los ilustres economistas no saben más y, por tanto, deberían acudir a las selectas open sources del conocimiento en red o bien saben que no saben y solo pretenden mantenerse en el puesto de mando espantando cualquier idea que no coincida con el esquema de sus libros de texto y sus vetustos méritos profesionales.

En casi todos los ámbitos, y cada vez más en mayor proporción, las aportaciones de profesionales o amateurs de distintos campos, lugares, pensamientos y experiencias están creando a través de cooperaciones, interacciones e intercambios en la Red un nuevo, más complejo y ajustado conocimiento del mundo que vivimos, y así como la conjugación de diferentes puntos de vista han modificado el marketing, el coche, el entretenimiento, el consumo, la naturaleza, la moda, la física o la logística, podrían también lograr una mejor y más rica manera de entender los funcionamientos de los sistemas económicos.

¿O es que todavía hará falta algo más para aceptar que el actual sistema económico está agotado, agarrotado, gripado, y los fármacos que se le aplican son, como poco, tan viejos e inocuos como los remedios de la abuela? ¿O es que alguien cree todavía que poniendo la marcha atrás, reduciendo déficits, inyectando dinero para crear liquidez, retrocediendo en suma por la misma senda desembocaremos en el paraje próspero del que partimos?

Ni las ciencias físicas ni las ciencias sociales escapan a la segunda ley de la termodinámica y su principio de entropía. El pasado no vuelve nunca y tampoco ahora llegará indemne pedaleando al revés. Todos estos doctores que se reúnen, diagnostican el mal y aprueban un plan de curación están tan enfermos como el sistema al que se refieren. O más enfermos, puesto que mientras el sistema, por su cuenta, evoluciona y nunca detiene su metamorfosis. Los doctores se preservan apretando los dientes sobre las tesis que les hicieron ilustres y les dieron empleo.

La frugalidad, que fue pobreza, puede ser hoy una deseable forma de vida. La disminución del trabajo, sus alternativas o sus cambios, que fueran considerados temibles, pueden hoy brindar felicidad. Los móviles, por ejemplo, que cada vez ofrecen más prestaciones, podrían ser más codiciados si se les aligerara de innumerables funciones que no sirven sino para agobiar.

El modelo que sobrevendrá tras la crisis no será, en fin, una reparación del actual si no, probablemente, una hijuela en la que los genes y los virus, los cromosomas, las neuronas y las hormonas habrán evolucionado y emergerán recombinados de una manera lo bastante distinta como para que reconozcamos en su sistema no un más o un menos de lo anterior sino una inédita versión de la economía y la sociedad, de la estética y de la moral novedosamente reunidas.

Pensar y actuar, como ahora se hace, repitiendo las claves médico-económicas de hace más de medio siglo, es, en el mejor de los casos, administrar placebos al paciente. Y, en el peor de los supuestos, dada la alta caducidad de algunos fármacos, inculcar venenos al enfermo.

El País

sábado, 11 de diciembre de 2010

Juan Gelman - Preguntas

Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte,
mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.

Hermann Hesse - El lobo estepario

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Fray Luis de León - La perfecta casada