Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Julio Cortázar - HAPPY NEW YEAR
jueves, 30 de diciembre de 2010
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Pío Baroja - Aurora roja
" Sería una aurora sangrienta en donde a la luz de los incendios crujirá el viejo edificio social, sustentado en la ignominia y en el privilegio, y no quedaría de él ni ruinas, ni cenizas, y sólo un recuerdo de desprecio por la vida abyecta de nuestros miserables días. Sería el barro negro de las Injurias y de las Cambroneras, que ahogaría a los ricos, la venganza justa contra las clases directoras, que hacían del Estado una policía para salvar sus intereses, obtenidos por el robo y la explotación, que hacían del Estado un medio de calmar a tiros el hambre de los desesperados. "
martes, 28 de diciembre de 2010
Marcel Schwob - Vidas Imaginarias
" Solía invitar a un transeúnte desconocido cuando caía la noche... A veces elegía al azar. Se dirigía al extraño con toda la cortesía que hubiera podido poner en ello Harún-al-Raschid. El extraño subía los seis pisos del camaranchón del señor Hare. Le cedían el canapé; le ofrecían whisky escocés. El señor Burke le preguntaba por los incidentes más sorprendentes de su existencia. ¡Qué insaciable oyente era el señor Burke! Antes del alba, el señor Hare interrumpía siempre el relato. La forma de interrumpirlo del señor Hare era siempre la misma, y muy imperativa. Para interrumpir el relato, el señor Hare solía colocarse detrás del canapé y aplicar sus dos manos sobre la boca del narrador. En ese mismo momento, el señor Burke iba a sentarse sobre su pecho. En tal posición, ambos pensaban, inmóviles, en el final de la historia que nunca oían. De ese modo, los señores Burke y Hare remataron un gran número de historias que el mundo no va a conocer. "


