viernes, 4 de febrero de 2011
Federico García Lorca - Gacela del amor imprevisto
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mis caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yesos y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras del marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
jueves, 3 de febrero de 2011
miércoles, 2 de febrero de 2011
Jaime Sabines - No es nada de tu cuerpo
No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca —tu boca
que es igual que tu sexo—,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada —¿qué es una mirada?—
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
martes, 1 de febrero de 2011
CLARA VIVAS BRICEÑO - DICHA FUGAZ
Reviviendo el ayer,puse mi frente
sobre tu pecho indómito y bravío
y como aguas que van a un mismo río
nuestras vidas corrieron juntamente.
Unidos palpitaron dulcemente
hoy como ayer, su corazón y el mio
y fue la primavera en el estío
al surgir el pasado en el presente.
Más, duró nuestra dicha lo que dura
la luz del sol que alumbra en el poniente
el triste agonizar de cada día;
mas en mi alma amante aún fulgura
la luz de ese paréntesis ardiente
que en una fundó su alma con la mía.

